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María Ximena Tobar Figueroa

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Biografía

María Ximena nació el 25 de junio de 1996 en la Ciudad de Guatemala como la hija mediana entre tres hermanos: María Fernanda, la mayor, y Nino José, el menor. Su padre, José Tobar, es ingeniero agrónomo, y su madre, Silvia Figueroa, maestra de primaria. Ella trabajó como maestra hasta quedar embarazada por tercera vez, ya que era complicado trabajar cuando se tenía a tres niños en casa y ella sola debía encargarse de cuidarlos. Esto ya que, por su profesión, su padre debía viajar al interior del país todas las semanas, por lo que se ausentaba por muchos días.

Hoy en día, María Ximena se da cuenta de lo duro y difícil que debió ser para su madre criarlos de la forma en que tuvo que hacerlo, por lo cual le está eternamente agradecida.

Cuenta que, desde pequeña, su madre observó que era muy  inteligente. Ella opina que fue porque, durante su embarazo, siempre había música clásica sonando en la casa. Según le ha relatado su madre, a los cuatro años ya sabía leer y escribir, además de que se adelantó un grado para su edad.

A los 11 años, su vida pasó por cambios que la cambiaron. Su familia cambió de maneras que fueron difíciles de comprender a esa edad, su padre tenía una segunda familia. A pesar de la situación, ella siguió adelante; el colegio y los estudios la mantuvieron distraída y contenta, y fue cuando empezó a practicar baloncesto femenino. Lo hizo durante seis años.

Nunca se considero una “cerebrito”, sino que solo una persona disciplinada (ya que su padre fu siempre muy exigente), responsable y dedicada, pero siempre trato de hacerlo de forma integral; es decir, no solo dedicarse a lo académico, sino también activar otras áreas, como el practicar deporte, integrar la junta directiva del colegio, liderar proyectos y actividades, además de compartir con sus amigas y amigos.

El 2011 fue un año crucial en su vida. Su padre empezó a tener problemas económicos y la situación se tornó complicad; no podía pagar las colegiaturas del el colegio. Ella lo recuerda muy bien porque ese año, tercero básico, se mantuvo casi todo el ciclo escolar sin conocer sus calificaciones, ya que cuando un alumno tenía moras con el colegio, no se le entregaban las notas. En ese entonces, su padre se ocupaba de mantener a sus dos familias, con un total de seis hijos, hasta que poco a poco empezó a desentenderse de María Ximena y sus hermanos, ocupándose únicamente de su otra familia.

Su tutora de curso la apoyó en está época y le dijo que podía pedir una beca al colegio. Fue así como el Rector del Liceo Javier le otorgó un 50% de beca, para poder continuar estudiando. En general, recibió mucho apoyo durante los años que su padre dejó de ayudarlos económicamente. Recuerda que fue una época muy dura porque incluso llegaron al extremo de demandarlo por manutención, ya que tenía una responsabilidad por ley con ellos, pero aún así, poco a poco se alejó, hasta el punto en que ya no les habló más.

A pesar de las dificultades, en 2012, ya un poco aburrida del baloncesto, decide buscar un deporte diferente, que le motivara y animara. Fue así como encontró una foto en blanco y negro de una chica que también había estudiado en el Liceo Javier, con zapatillas de ballet, en jeans y suéter, sosteniendo en sus manos una taza de café; parecía estar en un apartamento. Era una foto simple, pero hermosa, que logró ilusionarla con el ballet y decidirse por él.

De esta manera, a los 17 años, investigó sobre academias podrían aceptarla, hasta que llegó a DanzArte, donde la aceptaron con los brazos abiertos, dispuestas a enseñarle a bailar ballet clásico desde cero, sin importarles su edad.

Recuerda que ese año vendió pastelillos en el colegio para poder costear sus clases, ya que, por la situación en su casa, ellos no podían costearlo, así que lo hacía ella misma. Desafortunadamente, era complicado juntar lo necesario para cada mes, por lo que, al final del año, luego del recital (en donde obtuvo uno de los papeles principales), habló con su instructora, Clarybell Flores, le agradeció por sus enseñanzas y le informó que no seguiría porque no tenía la capacidad de cubrir los costos.

Inmediatamente, ella le ofreció una beca completa para continuar en la academia, en donde continuó bailando durante cinco años, hasta que consiguió un empleo y finalmente pudo pagarlo.

Actualmente, María Ximena labora en CMI, como Analista de Planificación Financiera para la Unidad de Restaurantes de Centroamérica, viendo las marcas de Pollo Campero y Pollo Granjero de todos los países.

Hasta este día, recuerda que en la Fundación una vez le preguntaron cuál era su aspiración o meta en la vida y ella respondió: “ser feliz”. Hoy puede decir que lo ha logrado.

Formación académica

Sus primeros años, María Ximena los curso en el Colegio Belga de Guatemala, donde su madre y hermana mayor estudiaron. Cuando entro, los maestros le indicaron que debía cursar Kínder nuevamente, ya que era muy pequeña para pasar a preparatoria. En ese colegio sobresalió en varios aspectos, principalmente es sus calificaciones. Adicionalmente, en segundo y tercero primaria fue electa Presidenta de clase y fue abanderada. Igualmente, practicaba natación y nado sincronizado, conectando el deporte con su vida desde ese entonces.

Cuando su hermana estaba en tercero básico, se dio cuenta que el nivel académico del colegio no era lo que deseaba, por lo que decidió cambiarse a otro colegio. Evidentemente, si ella cambiaba, María Ximena debía ir con ella. Su hermano menor estudiaba en el Liceo Javier en aquel entonces, institución donde también su padre había estudiado, por lo que esa era la mejor opción para ella. Sin embargo, su hermana fue transferida al Colegio Suizo Americano, ya que en ese tiempo el Liceo Javier no era mixto para secundaria, solo primaria.

La separación y el cambio fueron difíciles para ella, pues el venir de un colegio solo para mujeres y pasar a un colegio mayormente de varones la lleno de miedo. No obstante, entre berrinches y enojos, su padre la sentó en una silla y de dijo “ya te pagué el examen de admisión del Javier. Lo vas a hacer y lo vas a ganar”. Y ya no hubo vuelta atrás.

En 2006 ingresó al Liceo Javier para cursar cuarto primaria. Afortunadamente, el proceso de adaptación fue sencillo e hizo amigas rápidamente, pero, sobre todo, amigos. Ese año fue elogiada por las maestras por su rendimiento y por haber sobresalido a pesar de ser la alumna nueva, recompensándola con portar la bandera.

Recuerda ser muy feliz en el Liceo Javier. Es quizá la época más feliz que ha tenido.

Posteriormente ingresó a la Universidad Rafael Landívar -URL- para estudiar ingeniería industrial, carrera de la que se graduó con honores en 2020.

  • Nivel primario, Colegio Belga Guatemalteco, 2000 – 2005.
  • Nivel medio, Liceo Javier, 2006 – 2013.
  • Ingeniería industrial, URL, 2014 – 2019.

Reconocimientos

  • Premio a la excelencia académica MAGIS, Liceo Javier. 2011.
  • Beca 100%, Academia de Ballet DanzArte. 2013 – 2018.
  • Cum Laude en ingeniería industrial, URL. 2020.
  • Primer y tercer lugar en campeonato de danza All Dance International.

Encuentro con la fundación

La meta y aspiración de María Ximena durante su último año de bachillerato era poder seguir estudiando y superarse a pesar de las dificultades que la vida había traído durante los últimos años. Su antigua tutora, María Gabriela, quien le había ayudado a conseguir la beca del colegio unos años antes, le habló del Programa de Becas Universitarias de la Fundación Juan Bautista Gutiérrez. Ella no lo conocía en ese entonces, pero tras un poco de investigación, decidió aplicar.

En el Liceo Javier y en su promoción había muchos chicos brillantes, que habían participado anteriormente en Olimpiadas de Ciencia y con promedios que excedían los 95 puntos. Todos ellos, al rededor de 20, participaron en el proceso de aplicación. Ella era la única mujer, lo que hizo que dudara de cómo sobresaldría entre todos ellos, con sus premios y sus notas.

Su hermana le cuenta que, uno de esos días, durante las últimas etapas, la llamó llorando, diciéndole: “no me han llamado aún”. Pero siempre recibió la llamada para indicarle que continuaba en el proceso. Su familia estuvo para ella en todo momento, especialmente cuando lloraba y se frustraba, siempre llegaban su hermana o su madre con palabra de aliento. Recuerda que, en una ocasión, su madre le dijo: “Lo que uno desea de corazón, se cumple”.

Luego de que la llamaran para la entrevista final, llegó un poco tarde a la cita, pues se perdió de camino y estaba muy nerviosa. Recuerda entrar a la sala de reuniones en las oficinas de la Fundación y ver a todo el equipo sentado y a doña Isa en el extremo de la mesa. Ella desconocía de qué iba a tratar la reunión o qué esperar cuando doña Isabelita comenzó a hablar y le dijo “te has ganado la beca”.

Ese momento quedó grabado en su memoria. O podía creerlo. Llorando, las vio a todas, especialmente a doña Isa, y le pregunto: “¿es verdad?”. Ese fue realmente el día más feliz de su vida.

Durante todos los años de carrera, no hubo un solo momento que estuviera sola. Recibió el apoyo incondicional de toda. Apoyo, cariño, comprensión, paciencia y esmero. Estará eternamente agradecida con doña Isa, con todo el personal de la Fundación y con la corporación por hacerle dado una gran oportunidad.

No fue solo la universidad el apoyo que recibió de la Fundación. En sus últimos años de estudió, la recomendaron para una plaza en CMI, en la cual fue aceptada.

En 2022 cumple cuatro años de pertenecer a esa linda y prestigiosa empresa, a la que se siente muy feliz y orgullosa de pertenecer. Para ella, trabajar en CMI es una forma de poder retribuir todo el apoyo que la Fundación en su momento le dio.

Trayectoria laboral

  • Practicante, CBC.(2018)

CMI (2018 – actualidad)

  • Analista de planificación financiera, RCA.(2020 – actualidad)
  • Analista financiero Jr., Unidad de Restaurantes de Centroamérica -RCA-.(2018 – 2020)

Otras actividades importantes

Su sueño es poder tener un albergue de animales y rescatar principalmente perros callejeros o en circunstancias peligrosas.

Pasatiempos Leer, viajar

Deportes Ballet clásico